Podriamos decir en una frase que la resiliencia hace que "NINGUNA HERIDA ES UN DESTINO".
video sobre el apego y la resiliencia subtitulado pero no tiene desperdicio
Boris Cyrulnik. es neurólogo, psiquiatra y psicoanalista y uno de los fundadores de la etología humana.Boris Cyrulnik: El padre de la resiliencia.
Con tan solo seis años de edad consigue escapar de un campo de concentración, de donde el resto de miembros de su familia, rusos judíos emigrantes, jamás regresaron. Empieza entonces para el joven huérfano una etapa errante por centros y familias de acogida. A los ocho años la Asistencia pública francesa le instala en una granja y a punto está de hacer de él un niño granjero analfabeto; pero se convierte, sin embargo, en un médico empeñado en entender sus propias ganas de vivir.
BIBLIOGRAFIA:
Boris Cyrulnik. es neurólogo, psiquiatra y psicoanalista y uno de los fundadores de la etología humana.Boris Cyrulnik: El padre de la resiliencia.
Con tan solo seis años de edad consigue escapar de un campo de concentración, de donde el resto de miembros de su familia, rusos judíos emigrantes, jamás regresaron. Empieza entonces para el joven huérfano una etapa errante por centros y familias de acogida. A los ocho años la Asistencia pública francesa le instala en una granja y a punto está de hacer de él un niño granjero analfabeto; pero se convierte, sin embargo, en un médico empeñado en entender sus propias ganas de vivir.
BIBLIOGRAFIA:
-La maravilla del dolor. El sentido de la resiliencia, Boris Cyrulnik, Barcelona, Granica, 2001.
-Los patitos feos. La resiliencia: una infancia infeliz no determina la vida, Boris Cyrulnik, Barcelona, Gedisa, 2002. El encantamiento del mundo, Boris Cyrulnik, Barcelona, Gedisa, 2002
-El murmullo de los fantasmas.volver a la vida despues de un trauma.
-Autobiografía de un Espantapájaros Testimonios de resilencia: el retorno a la vida

Su libro:
Autobiografía de un Espantapájaros
Testimonios de resilencia: el retorno a la vida
Boris Cyrulnik
Cyrulnik aborda nuevamente la resiliencia como pieza central de un discurso escrito con vigor y destreza estilística. En este libro el autor se centra en un aspecto específico: la construcción de la historia que permite a la persona crecer a partir de la experiencia traumática.
Aquí y allá, a lo largo de las diferentes culturas del mundo, Cyrulnik ha ido al encuentro de los heridos de la vida, narrándonos su biografía y cómo han sabido reparar y hacer de su fragilidad una fuente de donde extraer energía vital.
Autobiografía de un espantapájaros es un libro que quiebra los silencios y los tabúes que las sociedades imponen a la desdicha; un libro que explica por qué es necesario hablar, dejar hablar y saber escuchar y comprender a los traumatizados: un libro lleno de esperanza y coraje.
Autobiografía de un espantapájaros ha recibido el prestigioso Premio Renaudot al mejor libro de ensayo publicado en Francia en 2008.
“Un espantapájaros, un espectro, se esfuerza por no pensar porque es demasiado doloroso construir un mundo íntimo plagado de representaciones atroces. Cuando uno tiene un trozo de madera en lugar de corazón y paja bajo el sombrero, sufre menos. Pero basta que ese espantapájaros encuentre a un hombre vivo que le insufle un alma para que el dolor de vivir vuelva a tentarlo.”
Boris Cyrulnik es neurólogo, psiquiatra y psicoanalista y uno de los fundadores de la etología humana. Asimismo, es profesor en la Universidad de Var, en Francia, y responsable del equipo de investigaciones en etología clínica del hospital de Toulon. Desde 1998 es también presidente del Centre National de Création et de Diffusion Culturelles de Châteauvallon y miembro directivo de la oficina en Francia coordinadora del Programa Decenio de Naciones Unidas.
No es por azar que Boris Cyrulnik haya sido la primera persona en Francia en interesarse por el fenómeno de la resiliencia. Con tan solo seis años de edad consigue escapar de un campo de concentración, de donde el resto de miembros de su familia, rusos judíos emigrantes, jamás regresaron. Empieza entonces para el joven huérfano una etapa errante por centros y familias de acogida. A los ocho años la Asistencia pública francesa le instala en una granja y a punto está de hacer de él un niño granjero analfabeto; pero se convierte, sin embargo, en un médico empeñado en entender sus propias ganas de vivir.
Otro de sus libros:
EL MURMULLO DE LOS FANTASMAS: VOLVER A LA VIDA DESPUES DE UN TRAUMA
de CYRULNIK, BORIS
Durante la adolescencia, los nuevos desafíos del primer amor, del deseo de ser reconocido y aceptado por los demás o del distanciamiento de la familia pueden convertirse en vivencias amargas que abren antiguas heridas de traumas infantiles. Por eso, Boris Cyrulnik cuenta a través de historias reales cómo en la adolescencia las personas pueden superar episodios dramáticos y retornar de callejones sin salida gracias a la resiliencia, una capacidad que los maestros, tutores y amigos pueden y deben apoyar en esta fase especialmente vulnerable de la vida, y que es un prodigioso antídoto de las heridas que dejan los traumas.
Boris dice:
Desde París, donde reside, explica de qué manera también incide en nuestra felicidad la cultura en que vivimos: "En África existe la costumbre de donar el primer hijo a otra familia, como un ritual que practican para augurar suerte y felicidad a la otra familia. Los hijos no se sienten abandonados; al contrario: una vez mayores se sienten orgullosos de haber sido una donación feliz. Pero en Japón es todo lo contrario. Hay muchas adopciones y un hijo no natural tiene menos valor que otro, razón por la cual muchos padres esconden el hecho de haber adoptado a un niño. El significado de la adopción es diferente según los distintos backgrounds culturales: mientras en África la incorporación de un niño en una familia es causa de felicidad, en Japón es fuente de malestar".
-La teoría de la resiliencia le permitió comprender su propia vida, entendiendo que haber tenido una infancia traumática no lo determinaría para vivir siempre en la desdicha. ¿Qué alcances siente que tienen hoy sus investigaciones?
-Bueno, hace 20 años ingleses, americanos, belgas eran los únicos que intentaban desarrollar la teoría de la resiliencia; ahora Italia, España y Latinoamérica están trabajando sobre la teoría. El niño traumatizado o abandonado estaba perdido; ahora nos hemos dado cuenta de que se puede recuperar actuando con la familia, la cultura, el entorno, etcétera. Mis estudios y mis actividades han sido y son una contribución a un sistema destinado a mejorar.
-En su última obra se refiere a neuronas y biología para lograr el bienestar, ¿Podemos ser arquitectos de nuestra felicidad?
-La respuesta es clara: podemos modelar el alma y también regular nuestro cerebro cambiando las condiciones exteriores que nos vuelven infelices. El cerebro llega a ser la consecuencia de un estado de ánimo: si se modifica el entorno o si se sustituyen las personas que causan estados de ánimo negativos, la química llega a modificarse. Hay una sustancia en el cerebro que se llama dopamina, un neuromediador que pasa entre las neuronas y cuya secreción depende del estado feliz de la persona. Los eventos que ocurren a su alrededor y el contexto cultural en el cual se encuentra son determinantes para la construcción de la felicidad.
-Plantea que si a uno lo insultan, una parte del cerebro se altera. Una sola palabra puede cambiar la neurobiología de un ser humano. ¿Predetermina el futuro bienestar de un niño el que éste haya vivido en un ambiente de depresión o violencia?
-Durante los primeros años, todos los eventos que ocurren alrededor del niño, como la depresión o la crueldad de un padre, la guerra, la violencia social, la miseria, etc., crean circuitos en las neuronas, canales por donde vemos circular la dopamina, o los neuromediadores. Los podemos observar mediante cámaras, en las resonancias magnéticas. Generalmente, si una persona viene maltratada los canales llegarán a una zona del cerebro donde generarán una enfermedad; pero si una persona se siente segura otras sustancias van a ser secretadas y van a llegar a una zona del cerebro distinta, que genera una sensación de bienestar. Es la manera de ser, la madre, la mujer, el colegio, la familia, la cultura, todo lo que rodea (al niño) lo que va a canalizar la circulación de neuronas hacia una zona cerebral que le dará una sensación de bienestar o de malestar.
-¿Cuán importante es el amor?
-Siendo niño, si soy y me siento amado, voy a querer desarrollarme, querré meterme en la cabeza de la persona que amo, tendré ganas de aprender a hablar, actuar, amar. Pero esto sólo si tengo a alguien a mi alrededor. Si estoy solo, no tengo a nadie a mi alrededor, no tengo amor y mi sustituto de amor es volverme pseudoautista, no tengo razones para querer aprender a hablar ni comunicar, puesto que no amo a nadie, y no tengo la posibilidad de amar a nadie. Lo que podemos hacer para cambiar un poco la tendencia que uno tenga al desánimo, a lo negativo, e impedir que el futuro esté prejuzgado es retomar el control de lo que nos ha ocurrido, de lo que nos ha herido. Así ya no seremos esclavos del pasado, para poder comenzar a "tejer" el sentimiento de felicidad o de bienestar.
-Afirma que sin amor no hay inteligencia. ¿El que no es amado desde la infancia tiene menos opciones de desarrollarla? ¿Cómo subsanar esta condena?
-Para entender mejor el concepto, podemos observar lo que pasa con los niños abandonados. Nutrirlos materialmente no siempre es suficiente para nutrirlos emocionalmente. Aquellos niños que viven en un entorno adecuado y materialmente bien provisto, pero que no tienen amor, parecen carecer de funciones intelectuales, no son capaces de acciones intelectuales complejas. Se puede observar en un escáner una cierta atrofia de los lóbulos prefrontales y de circuitos de la memoria y de la emoción. Esta condena se puede subsanar cambiando el entorno y asegurando una fuente de amor.
-¿Hay alguna técnica para canalizar conscientemente los neurotransmisores hacia la felicidad?
-Sí. Se trata de desarrollar las "interacciones precoces": toda interacción influye sobre el niño, se puede hablar incluso del feto. Los circuitos de neuronas son entrenados desde las últimas semanas de embarazo, incluso desde los primeros meses de vida. Es importante garantizar al niño una fuerte base de seguridad; dicho de otra manera, una "confianza primitiva", por ejemplo mediante actividades o juegos divertidos. Esta base es fundamental porque define otras neuronas, con lo cual le genera el gusto de ser feliz. Si un niño no tiene dicha base de seguridad, desarrollará un cierto gusto por el malestar y el pesimismo. Junto con la respuesta a la pregunta anterior a esta, lo que acabo de decir es la premisa para el término "resiliencia": si un niño es privado de esta base, se le puede donar un sustituto (una madre, una familia, una institución, etc.) que puede ayudarlo en el proceso de reconstrucción de la felicidad. Se trata de permitir tanto la resiliencia neuronal (la circulación en el cerebro de neuronas) como la resiliencia afectiva (personas que aman). Sin duda, si dejamos un niño en un contexto negativo será muy difícil que aprenda a ser resiliente. Sustituyendo los padres aprenderá a ser más feliz. La pérdida de miedos permite reformar el alma, cambiar el mundo interior de las representaciones.
-Cuando estamos tristes o solos, estamos más predispuestos a la enfermedad. ¿Cómo explica esto la biología?
-Hay que hacer una diferencia entre bienestar y felicidad. El primero depende de las moléculas y de la actividad biológica; la segunda es provocada por una representación. Durante los primeros meses de vida, si un niño ha conocido el bienestar puede cambiar el medio, transformar el sufrimiento, comprometerse socialmente y políticamente para sentirse mejor. Cuando las personas organizan una vida mejor, las áreas fundidas por la negligencia afectiva se inflan y hablamos entonces de resiliencia de las neuronas, que por supuesto tiene consecuencias sobre el cuerpo.
-Hay químicas corporales que se dan a nuestro pesar. Por el cuerpo del depresivo endógeno circula menos serotonina, sustancia que induce al bienestar. ¿Se puede modificar esto?
-Teniendo en cuenta todo lo arriba mencionado, lo que podemos hacer para defendernos de lo que nos daña se resume en tres conceptos fundamentales: acción, producir endorfinas; afección, establecer y consolidar relaciones de seguridad (grupos de amigos, familias), y comprensión de lo que nos a hecho sufrir. La unión de los tres términos permite conseguir un nivel de felicidad mayor.
-Teorías recientes sobre la felicidad sugieren que es más feliz aquél que tiene un bienestar material como base. ¿Qué piensa?
-¡No lo creo! Existen muchas culturas pobres que son muy felices gracias a sus rituales, sus músicas, sus cantos, el trabajo en el campo. Puede ser todo lo contrario: las sociedades occidentales vinculadas al consumismo y a la materia son más infelices y el número de depresiones es mayor. En el último congreso organizado por la Organización Mundial de la Salud se analizó la relación entre riqueza y salud y se observó cómo el porcentaje de depresión en los países modernos es lo mismo que en los países adonde hay guerras y miseria. El intercambio de afecto es la clave para contagiar de felicidad.
-¿Cree posible sobreponerse a los efectos de ambientes familiares enfermizos?
-En el caso de hijos pequeños con madre deprimida, se ha notado que éstos evitan la realidad social y llegan fácilmente a la depresión. Si se les ofrece un sustituto afectivo, las probabilidades de caer en depresión son las mismas que las de los demás. La resiliencia puede ser incluso pre-verbal. En caso de jóvenes o adolescentes, se ha notado que estos se adaptan, que se hacen mayores y responsables más rápidamente. Hablamos en este caso de exceso de madurez. Si se los abandona llegan al masoquismo, pero si se acercan a otros jóvenes para poder distraerse y escapar del dolor, aprenden a distanciarse de los problemas sin sentirse responsables por ellos.
-¿Y en la pareja qué sucede?
-En el caso de la pareja, también es interesante. Cuando uno de los partners tiene un problema, sufre o cae en depresión, el otro puede aliviar o no el dolor, estar cercano o alejarse de la situación. Si la pareja decide ocuparse del otro con ánimo feliz y positivo, es probable, casi cierto, que puedan superar el problema y sentirse bien. Si uno quiere sentirse bien y está dispuesto a luchar para contagiar al otro y recrear una situación que él mismo pueda beneficiar, esto puede producir resultados certeros.
-¿Estaría disminuido en sus potencialidades de superación el niño sobreprotegido por sus padres?
-En Occidente parece ser que hoy los padres protegen excesivamente a los hijos; los ponen en una especie de bola de cristal y hacen todo por ellos. Esto se traduce en un empobrecimiento afectivo: el niño no aprende a amar a los demás, solo ama a los padres, no se relaciona y no se sujeta al sufrimiento. Es mejor que superen las pruebas de la vida. Los hijos nos aman más cuando les enseñamos a superar obstáculos, a caer y levantarse.
-¿Cómo ve a la familia actual para dar buena contención afectiva a sus hijos?
-Nuestro mundo occidental, moderno, tecnológico, ha mejorado las condiciones materiales de la existencia, pero no las relacionales; hasta 1970 el contexto social, ecológico era muy difícil.La casa y la familia eran el núcleo del bienestar, porque la ciudad y el trabajo eran un sufrimiento físico. Después de 1970, el contexto ha cambiado: ya no hay campo de trabajo, no hay mina, no hay campesinos ni obreros sino tan sólo oficios terciarios, profesiones de la palabra, de la mente, del ordenador, de la máquina. Es más divertido estar fuera de casa y el hogar, la familia, ya no es el lugar de bienestar sino del aburrimiento, la vida está afuera ahora. Antes afuera estaba el sufrimiento y el dolor y ahora está la vida. En una generación todo ha cambiado.
-¿Y qué significado cree que tiene esto para las nuevas generaciones?
-Significa que nuestros hijos se desarrollan físicamente mejor, intelectualmente también, pero afectivamente se desarrollan peor que antes. (En Occidente) hoy hay menos niños, están mejor desarrollados física e intelectualmente, pero no afectivamente porque ya no tienen el amparo del entorno familiar. No tienen referencias. Afectivamente son temerosos, son agresivos.
-Científicos estudiaron el cerebro de un maestro budista y concluyeron que era el hombre más feliz del mundo ¿Esta filosofía es un buen aliciente para el bienestar?
-¡Por supuesto, como toda filosofía! El factor de la felicidad está vinculado al trabajo que cada ser humano hace con su propia interioridad, con su propia alma.
OTRO DE SUS LIBROS:
Autobiografía de un Espantapájaros
Testimonios de resilencia: el retorno a la vida
Boris Cyrulnik
Cyrulnik aborda nuevamente la resiliencia como pieza central de un discurso escrito con vigor y destreza estilística. En este libro el autor se centra en un aspecto específico: la construcción de la historia que permite a la persona crecer a partir de la experiencia traumática.
Aquí y allá, a lo largo de las diferentes culturas del mundo, Cyrulnik ha ido al encuentro de los heridos de la vida, narrándonos su biografía y cómo han sabido reparar y hacer de su fragilidad una fuente de donde extraer energía vital.
Autobiografía de un espantapájaros es un libro que quiebra los silencios y los tabúes que las sociedades imponen a la desdicha; un libro que explica por qué es necesario hablar, dejar hablar y saber escuchar y comprender a los traumatizados: un libro lleno de esperanza y coraje.
Autobiografía de un espantapájaros ha recibido el prestigioso Premio Renaudot al mejor libro de ensayo publicado en Francia en 2008.
“Un espantapájaros, un espectro, se esfuerza por no pensar porque es demasiado doloroso construir un mundo íntimo plagado de representaciones atroces. Cuando uno tiene un trozo de madera en lugar de corazón y paja bajo el sombrero, sufre menos. Pero basta que ese espantapájaros encuentre a un hombre vivo que le insufle un alma para que el dolor de vivir vuelva a tentarlo.”
Boris Cyrulnik es neurólogo, psiquiatra y psicoanalista y uno de los fundadores de la etología humana. Asimismo, es profesor en la Universidad de Var, en Francia, y responsable del equipo de investigaciones en etología clínica del hospital de Toulon. Desde 1998 es también presidente del Centre National de Création et de Diffusion Culturelles de Châteauvallon y miembro directivo de la oficina en Francia coordinadora del Programa Decenio de Naciones Unidas.
No es por azar que Boris Cyrulnik haya sido la primera persona en Francia en interesarse por el fenómeno de la resiliencia. Con tan solo seis años de edad consigue escapar de un campo de concentración, de donde el resto de miembros de su familia, rusos judíos emigrantes, jamás regresaron. Empieza entonces para el joven huérfano una etapa errante por centros y familias de acogida. A los ocho años la Asistencia pública francesa le instala en una granja y a punto está de hacer de él un niño granjero analfabeto; pero se convierte, sin embargo, en un médico empeñado en entender sus propias ganas de vivir.

Otro de sus libros:
EL MURMULLO DE LOS FANTASMAS: VOLVER A LA VIDA DESPUES DE UN TRAUMA
de CYRULNIK, BORIS
Durante la adolescencia, los nuevos desafíos del primer amor, del deseo de ser reconocido y aceptado por los demás o del distanciamiento de la familia pueden convertirse en vivencias amargas que abren antiguas heridas de traumas infantiles. Por eso, Boris Cyrulnik cuenta a través de historias reales cómo en la adolescencia las personas pueden superar episodios dramáticos y retornar de callejones sin salida gracias a la resiliencia, una capacidad que los maestros, tutores y amigos pueden y deben apoyar en esta fase especialmente vulnerable de la vida, y que es un prodigioso antídoto de las heridas que dejan los traumas.
Boris dice:
Desde París, donde reside, explica de qué manera también incide en nuestra felicidad la cultura en que vivimos: "En África existe la costumbre de donar el primer hijo a otra familia, como un ritual que practican para augurar suerte y felicidad a la otra familia. Los hijos no se sienten abandonados; al contrario: una vez mayores se sienten orgullosos de haber sido una donación feliz. Pero en Japón es todo lo contrario. Hay muchas adopciones y un hijo no natural tiene menos valor que otro, razón por la cual muchos padres esconden el hecho de haber adoptado a un niño. El significado de la adopción es diferente según los distintos backgrounds culturales: mientras en África la incorporación de un niño en una familia es causa de felicidad, en Japón es fuente de malestar".
-La teoría de la resiliencia le permitió comprender su propia vida, entendiendo que haber tenido una infancia traumática no lo determinaría para vivir siempre en la desdicha. ¿Qué alcances siente que tienen hoy sus investigaciones?
-Bueno, hace 20 años ingleses, americanos, belgas eran los únicos que intentaban desarrollar la teoría de la resiliencia; ahora Italia, España y Latinoamérica están trabajando sobre la teoría. El niño traumatizado o abandonado estaba perdido; ahora nos hemos dado cuenta de que se puede recuperar actuando con la familia, la cultura, el entorno, etcétera. Mis estudios y mis actividades han sido y son una contribución a un sistema destinado a mejorar.
-En su última obra se refiere a neuronas y biología para lograr el bienestar, ¿Podemos ser arquitectos de nuestra felicidad?
-La respuesta es clara: podemos modelar el alma y también regular nuestro cerebro cambiando las condiciones exteriores que nos vuelven infelices. El cerebro llega a ser la consecuencia de un estado de ánimo: si se modifica el entorno o si se sustituyen las personas que causan estados de ánimo negativos, la química llega a modificarse. Hay una sustancia en el cerebro que se llama dopamina, un neuromediador que pasa entre las neuronas y cuya secreción depende del estado feliz de la persona. Los eventos que ocurren a su alrededor y el contexto cultural en el cual se encuentra son determinantes para la construcción de la felicidad.
-Plantea que si a uno lo insultan, una parte del cerebro se altera. Una sola palabra puede cambiar la neurobiología de un ser humano. ¿Predetermina el futuro bienestar de un niño el que éste haya vivido en un ambiente de depresión o violencia?
-Durante los primeros años, todos los eventos que ocurren alrededor del niño, como la depresión o la crueldad de un padre, la guerra, la violencia social, la miseria, etc., crean circuitos en las neuronas, canales por donde vemos circular la dopamina, o los neuromediadores. Los podemos observar mediante cámaras, en las resonancias magnéticas. Generalmente, si una persona viene maltratada los canales llegarán a una zona del cerebro donde generarán una enfermedad; pero si una persona se siente segura otras sustancias van a ser secretadas y van a llegar a una zona del cerebro distinta, que genera una sensación de bienestar. Es la manera de ser, la madre, la mujer, el colegio, la familia, la cultura, todo lo que rodea (al niño) lo que va a canalizar la circulación de neuronas hacia una zona cerebral que le dará una sensación de bienestar o de malestar.
-¿Cuán importante es el amor?
-Siendo niño, si soy y me siento amado, voy a querer desarrollarme, querré meterme en la cabeza de la persona que amo, tendré ganas de aprender a hablar, actuar, amar. Pero esto sólo si tengo a alguien a mi alrededor. Si estoy solo, no tengo a nadie a mi alrededor, no tengo amor y mi sustituto de amor es volverme pseudoautista, no tengo razones para querer aprender a hablar ni comunicar, puesto que no amo a nadie, y no tengo la posibilidad de amar a nadie. Lo que podemos hacer para cambiar un poco la tendencia que uno tenga al desánimo, a lo negativo, e impedir que el futuro esté prejuzgado es retomar el control de lo que nos ha ocurrido, de lo que nos ha herido. Así ya no seremos esclavos del pasado, para poder comenzar a "tejer" el sentimiento de felicidad o de bienestar.
-Afirma que sin amor no hay inteligencia. ¿El que no es amado desde la infancia tiene menos opciones de desarrollarla? ¿Cómo subsanar esta condena?
-Para entender mejor el concepto, podemos observar lo que pasa con los niños abandonados. Nutrirlos materialmente no siempre es suficiente para nutrirlos emocionalmente. Aquellos niños que viven en un entorno adecuado y materialmente bien provisto, pero que no tienen amor, parecen carecer de funciones intelectuales, no son capaces de acciones intelectuales complejas. Se puede observar en un escáner una cierta atrofia de los lóbulos prefrontales y de circuitos de la memoria y de la emoción. Esta condena se puede subsanar cambiando el entorno y asegurando una fuente de amor.
-¿Hay alguna técnica para canalizar conscientemente los neurotransmisores hacia la felicidad?
-Sí. Se trata de desarrollar las "interacciones precoces": toda interacción influye sobre el niño, se puede hablar incluso del feto. Los circuitos de neuronas son entrenados desde las últimas semanas de embarazo, incluso desde los primeros meses de vida. Es importante garantizar al niño una fuerte base de seguridad; dicho de otra manera, una "confianza primitiva", por ejemplo mediante actividades o juegos divertidos. Esta base es fundamental porque define otras neuronas, con lo cual le genera el gusto de ser feliz. Si un niño no tiene dicha base de seguridad, desarrollará un cierto gusto por el malestar y el pesimismo. Junto con la respuesta a la pregunta anterior a esta, lo que acabo de decir es la premisa para el término "resiliencia": si un niño es privado de esta base, se le puede donar un sustituto (una madre, una familia, una institución, etc.) que puede ayudarlo en el proceso de reconstrucción de la felicidad. Se trata de permitir tanto la resiliencia neuronal (la circulación en el cerebro de neuronas) como la resiliencia afectiva (personas que aman). Sin duda, si dejamos un niño en un contexto negativo será muy difícil que aprenda a ser resiliente. Sustituyendo los padres aprenderá a ser más feliz. La pérdida de miedos permite reformar el alma, cambiar el mundo interior de las representaciones.
-Cuando estamos tristes o solos, estamos más predispuestos a la enfermedad. ¿Cómo explica esto la biología?
-Hay que hacer una diferencia entre bienestar y felicidad. El primero depende de las moléculas y de la actividad biológica; la segunda es provocada por una representación. Durante los primeros meses de vida, si un niño ha conocido el bienestar puede cambiar el medio, transformar el sufrimiento, comprometerse socialmente y políticamente para sentirse mejor. Cuando las personas organizan una vida mejor, las áreas fundidas por la negligencia afectiva se inflan y hablamos entonces de resiliencia de las neuronas, que por supuesto tiene consecuencias sobre el cuerpo.
-Hay químicas corporales que se dan a nuestro pesar. Por el cuerpo del depresivo endógeno circula menos serotonina, sustancia que induce al bienestar. ¿Se puede modificar esto?
-Teniendo en cuenta todo lo arriba mencionado, lo que podemos hacer para defendernos de lo que nos daña se resume en tres conceptos fundamentales: acción, producir endorfinas; afección, establecer y consolidar relaciones de seguridad (grupos de amigos, familias), y comprensión de lo que nos a hecho sufrir. La unión de los tres términos permite conseguir un nivel de felicidad mayor.
-Teorías recientes sobre la felicidad sugieren que es más feliz aquél que tiene un bienestar material como base. ¿Qué piensa?
-¡No lo creo! Existen muchas culturas pobres que son muy felices gracias a sus rituales, sus músicas, sus cantos, el trabajo en el campo. Puede ser todo lo contrario: las sociedades occidentales vinculadas al consumismo y a la materia son más infelices y el número de depresiones es mayor. En el último congreso organizado por la Organización Mundial de la Salud se analizó la relación entre riqueza y salud y se observó cómo el porcentaje de depresión en los países modernos es lo mismo que en los países adonde hay guerras y miseria. El intercambio de afecto es la clave para contagiar de felicidad.
-¿Cree posible sobreponerse a los efectos de ambientes familiares enfermizos?
-En el caso de hijos pequeños con madre deprimida, se ha notado que éstos evitan la realidad social y llegan fácilmente a la depresión. Si se les ofrece un sustituto afectivo, las probabilidades de caer en depresión son las mismas que las de los demás. La resiliencia puede ser incluso pre-verbal. En caso de jóvenes o adolescentes, se ha notado que estos se adaptan, que se hacen mayores y responsables más rápidamente. Hablamos en este caso de exceso de madurez. Si se los abandona llegan al masoquismo, pero si se acercan a otros jóvenes para poder distraerse y escapar del dolor, aprenden a distanciarse de los problemas sin sentirse responsables por ellos.
-¿Y en la pareja qué sucede?
-En el caso de la pareja, también es interesante. Cuando uno de los partners tiene un problema, sufre o cae en depresión, el otro puede aliviar o no el dolor, estar cercano o alejarse de la situación. Si la pareja decide ocuparse del otro con ánimo feliz y positivo, es probable, casi cierto, que puedan superar el problema y sentirse bien. Si uno quiere sentirse bien y está dispuesto a luchar para contagiar al otro y recrear una situación que él mismo pueda beneficiar, esto puede producir resultados certeros.
-¿Estaría disminuido en sus potencialidades de superación el niño sobreprotegido por sus padres?
-En Occidente parece ser que hoy los padres protegen excesivamente a los hijos; los ponen en una especie de bola de cristal y hacen todo por ellos. Esto se traduce en un empobrecimiento afectivo: el niño no aprende a amar a los demás, solo ama a los padres, no se relaciona y no se sujeta al sufrimiento. Es mejor que superen las pruebas de la vida. Los hijos nos aman más cuando les enseñamos a superar obstáculos, a caer y levantarse.
-¿Cómo ve a la familia actual para dar buena contención afectiva a sus hijos?
-Nuestro mundo occidental, moderno, tecnológico, ha mejorado las condiciones materiales de la existencia, pero no las relacionales; hasta 1970 el contexto social, ecológico era muy difícil.La casa y la familia eran el núcleo del bienestar, porque la ciudad y el trabajo eran un sufrimiento físico. Después de 1970, el contexto ha cambiado: ya no hay campo de trabajo, no hay mina, no hay campesinos ni obreros sino tan sólo oficios terciarios, profesiones de la palabra, de la mente, del ordenador, de la máquina. Es más divertido estar fuera de casa y el hogar, la familia, ya no es el lugar de bienestar sino del aburrimiento, la vida está afuera ahora. Antes afuera estaba el sufrimiento y el dolor y ahora está la vida. En una generación todo ha cambiado.
-¿Y qué significado cree que tiene esto para las nuevas generaciones?
-Significa que nuestros hijos se desarrollan físicamente mejor, intelectualmente también, pero afectivamente se desarrollan peor que antes. (En Occidente) hoy hay menos niños, están mejor desarrollados física e intelectualmente, pero no afectivamente porque ya no tienen el amparo del entorno familiar. No tienen referencias. Afectivamente son temerosos, son agresivos.
-Científicos estudiaron el cerebro de un maestro budista y concluyeron que era el hombre más feliz del mundo ¿Esta filosofía es un buen aliciente para el bienestar?
-¡Por supuesto, como toda filosofía! El factor de la felicidad está vinculado al trabajo que cada ser humano hace con su propia interioridad, con su propia alma.
OTRO DE SUS LIBROS:

LOS PATITOS FEOS
Boris Cyrulnik subtitula su obra “Los patitos feos” con una frase que resume su tesis básica: “La resiliencia: una infancia infeliz no determina la vida”.
La resiliencia, es “una propiedad que define la resistencia de un material a los choques”.
El autor utiliza el concepto como sinónimo de “resistencia al sufrimiento”. Señala tanto la capacidad de resistir las magulladuras de la herida psicológica como el impulso de reparación psíquica que nace de esa resistencia.
Los patitos feos” transmite un mensaje de esperanza a todos los niños víctimas del maltrato, de la guerra, de la miseria existente en su entorno más próximo. Un niño herido, sostiene el autor, no está condenado a convertirse en un adulto fracasado. Este libro es un grito contra el fatalismo, contra la condena definitiva, contra la irremediabilidad de los traumas. Cyrulnik nos dice que no hay heridas incurables.
Hay niños que han sido maltratados, violados, torturados. Hay niñas que han sido objeto de vejaciones, que han sido brutalmente agredidas por sus propios padres, por sus familiares, por sus amigos. Es triste. Es terrible. Muchos viven arrastrando esa convicción maldita: “Mi vida está marcada para siempre. Ya no hay remedio para mí. Aunque se hayan acabado los malos tratos, nunca se acabará el recuerdo”. Pero no está todo perdido. Es necesario insistir en que hay posibilidad de recuperarse y de vivir feliz.
¿Cómo ayudar a que las personas practiquen la resiliencia? Hay que llegar a la convicción de que es posible salir, de que las heridas pueden quedar perfectamente restañadas. Una herida no es un destino. Y luego hay que caminar en la dirección adecuada. Para que el maltrato acabe no basta con la interrupción de la tortura, hace falta superar sus devastadores efectos. Para ello es preciso recuperar la confianza en sí mismo y salir en busca de los demás. No es fácil, ciertamente. Pero es posible. Hay personas y asociaciones que desempeñan esta hermosa y tremenda tarea de curación, de salvamento físico y psicológico, de renacimiento moral. Hay personas y organizaciones que dedican su vida a tender la mano a quienes están en un profundo foso de dolor y de humillación. Llegan a ellos para hacerles vivir “el poder de dar y recibir, de cuidar y ser cuidados”.
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